El otro día, bueno, más bien ayer mismo, me junté con mi buen amigo Fº Javier Cano, otro grandísimo psicólogo (@chamarrillo por si queréis seguirlo por Twitter) para tomarnos algo y charlar, como siempre nos pasa acabamos discutiendo y dando diversas opiniones sobre la labor que nos ocupa: la Psicología.
La
conversación desvarió y tocó diversos temas, pero me gustaría
quedarme con uno que, aunque siempre está ahí no nos solemos dar
cuenta, y son ni más ni menos las pequeñas cosas que nos hacen
felices.
Y
es que amigos, estamos en una sociedad en las que se nos inculca
desde que somos pequeños, que es lo que necesitamos y que es
imprescindible, para que seamos felices. Esto nos lo meten en nuestro
pensamiento desde que somos pequeños, ya sean nuestros familiares,
ya sea la televisión y porque no decirlo, la sociedad misma:
“Necesitas un buen trabajo, necesitas estudiar, necesitas ganar
dinero para comprar cosas, necesitas una pareja perfecta, una casa en
la playa y porqué no un perro”.
Algunas
personas se dan cuenta (sobre todo con la situación económica que
tenemos) de que esto no es posible, pero muchas otras no son capaces
de ser felices con poco o que la situación que les toca vivir,
piensan que tener más dinero, más poder y más bienes materiales es
una forma de ser más felices, esto es muy discutible (solo hay que
ver la cantidad de depresivos que lo tienen “todo”), bien es
cierto que tener más cosas nos puede facilitar un poco la vida, pero
está demostrado que dentro de una sociedad consumista como la
actual, el hecho de comprar un bien deseado produce un estímulo que
nos hace ser “felices”, (quiero que piensen bien en esas
comillas) pero, ¿Cuánto dura esa felicidad?.
Podrás
comprobar que esa felicidad esta tan efímera que prácticamente dura
unas horas y después se va tan rápido como vino.
Ser
feliz es algo más que todo eso, podemos decir que las personas somos
felices cuando apreciamos las pequeñas cosas de la vida,
aquellas que surgen de forma espontánea y con toda la naturalidad
del mundo, a esa fue más o menos a la conclusión que llegamos.
Esto
no es casual, las cosas espontáneas son las que buscamos
inconscientemente, las que surgen de hacer callar nuestro interior y
cumplir sus deseos. Damos rienda suelta a nuestro verdadero yo.
Salimos cuando nos apetece, y nos relacionamos cuando lo necesitamos,
también necesitamos de soledad. Todo este suceso de situaciones
diarias, suelen hacerse porque es lo que nuestro cuerpo y
nuestra mente nos pide.
Para
una persona la felicidad puede estar en tomarse una cerveza con una
amigo, para otra sentarse en el sofá con una manta y leer un libro,
para una abuela seguramente no haya mayor felicidad que la de estar
con sus nietos.
¿Por
qué no valorar estas cosas sencillas del día a día? ¿Por qué no
dejamos de dar por supuestas, de considerar como derechos, todos esas
cosas que nos da la vida o que nos quita? Podemos descubrir la
felicidad en todas aquellas pequeñas cosas
a las que nos hemos acostumbrado o que nos sobran. Eso que tu
consideras lo normal para otra persona es un lujo. ¿Qué
pequeños gestos cotidianos podrías hacer para sentirte mejor?
.
Empieza por ahí.

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