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martes, 4 de noviembre de 2014

EL PROBLEMA ES QUE YO NO SÉ DECIR QUE NO


A la hora de escribir este artículo tengo en mente a varias personas con las que comparto una estrecha amistad, pero también de varios pacientes que se acercaron a consulta con manifestaciones de neurastenia, es decir, cansancio físico y mental, dificultades para concentrarse, lo cual les acarrea trastornos de la memoria de diversos grados, cefalea referida como un "peso en el cerebro", somnolencia diurna e insomnio nocturno, disminución de la productividad del trabajo y desarreglos en la esfera sexual. Estos trastornos que afectan diversas esferas de la vida del individuo son consecuencia en la mayoría de las ocasiones de la manera en que enfrenta su vida.
La persona que "no sabe decir que no" es un sujeto con magníficos atributos personales: puntual, disciplinado, cumplidor, confiable, obediente, permeable a la crítica y a la presión del grupo, etc. Además, también goza del respeto y la consideración de los compañeros de trabajo, de familiares y amigos.
Entre sus características se encuentra la incapacidad para evitar que sobre sí mismo se multipliquen las responsabilidades y obligaciones. Y no sabe evitar nuevas tareas impuestas, a pesar de tener muchas más que el resto de sus compañeros y conocidos. Así, es jefe de algún tipo de colectivo, además de monitor de varias asignaturas o dirigente sindical; con cargos en alguna organización de vecinos, política, fraternal o religiosa; con una familia a la que atiende de forma esmerada. En otras palabras: "el hombre para todo".
Pero, como su vida se diluye entre incontables obligaciones, cada una de las cuales le demanda determinada cantidad de energía física y mental y la mayor parte de su tiempo, él, que no sabe decir que no, comienza a agotarse y a pensar que tiene alguna enfermedad física, (generalmente anemia), causante de su decaimiento y la somnolencia durante el día, hasta que, después de una revisión en el médico, en la cual los análisis arrojan resultados negativos, es enviado a la consulta.
Y uno de los primeros consejos a este tipo de personas es el de aprender a decir No, como mecanismo defensivo para evitar el exceso de responsabilidades y tareas. Este recurso le permitirá hacer un uso más racional de sus potencialidades, conservar su capacidad laboral, conocer sus limitaciones por las experiencias pasadas, etc. Y lo más importante, evitar las manifestaciones neurasténicas.
Decir No le dejará brindar una oportunidad a otro individuo para desarrollar sus capacidades, demostrar sus habilidades y contribuir al buen funcionamiento del colectivo de estudios, de trabajo o de cualquier otra entidad.
Decir No le protegerá contra quienes no desean tener responsabilidad alguna ni tampoco desean asumir una actitud de compañerismo hacia aquel que está atiborrado de obligaciones.

Hay situaciones en las que no se puede decir No; otras en las que no se debe decir No; algunas en las que no es prudente o no conviene decir No. Pero hay un gran número de oportunidades en las que sí podrá decir claramente No y esa negativa no le ocasionará problema alguno.

¿Pero, cómo decir NO?
  1. Emplee frases cortas y directasNo, lo siento.?” “No, gracias.” “?No puedo”. Y después matice o justifique la negativa pero sin entrar en mil justificaciones.
  2. Use el lenguaje corporal para reafirmar su postura. Mire a los ojos a tu interlocutor, mueva la cabeza para enfatizar la negativa, que su voz sea clara y firme.
  3. Si no lo tiene muy claro gane tiempo:”deja que me lo piense y te contesto mañana” o “deja que mire mi agenda y te digo algo”. Prepare a la persona a la posibilidad de que no pueda hacerlo.
  4. Diga NO de forma educada y use el “pero” para algo positivo“No puedo, lo siento pero muchísimas gracias por pensar en mi. Te deseo lo mejor…o si puedo echarte una mano con esto otro…”
  5. Hable desde el corazón, desde su parte más sincera y transparente. A veces la parte contraria necesita una explicación de peso
  • No quiero porque siento que esto va en contra de mis principios.”
  • No puedo porque me he comprometido conmigo misma en acabar esto, para mí es importante.”
  • No, lo siento, antes tengo que ….., para mí es prioritario.
  • No estoy de acuerdo aunque respeto su opinión…”
Usted ha dicho casi siempre Sí. Por una vez que diga No, el mundo no se detendrá. Y mañana, el sol volverá a brillar para todos.



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