A la hora de
escribir este artículo tengo en mente a varias personas con las que
comparto una estrecha amistad, pero también de varios pacientes que
se acercaron a consulta con manifestaciones de neurastenia, es
decir, cansancio físico y mental, dificultades para concentrarse, lo
cual les acarrea trastornos de la memoria de diversos grados, cefalea
referida como un "peso en el cerebro", somnolencia
diurna e insomnio nocturno, disminución de la productividad del
trabajo y desarreglos en la esfera sexual. Estos trastornos que
afectan diversas esferas de la vida del individuo son consecuencia en
la mayoría de las ocasiones de la manera en que enfrenta su vida.
La persona que
"no sabe decir que no" es un sujeto con magníficos
atributos personales: puntual, disciplinado, cumplidor, confiable,
obediente, permeable a la crítica y a la presión del grupo, etc.
Además, también goza del respeto y la consideración de los
compañeros de trabajo, de familiares y amigos.
Entre sus
características se encuentra la incapacidad para evitar que sobre sí
mismo se multipliquen las responsabilidades y obligaciones. Y no sabe
evitar nuevas tareas impuestas, a pesar de tener muchas más que el
resto de sus compañeros y conocidos. Así, es jefe de algún tipo de
colectivo, además de monitor de varias asignaturas o dirigente
sindical; con cargos en alguna organización de vecinos, política,
fraternal o religiosa; con una familia a la que atiende de forma
esmerada. En otras palabras: "el hombre para todo".
Pero, como su
vida se diluye entre incontables obligaciones, cada una de las cuales
le demanda determinada cantidad de energía física y mental y la
mayor parte de su tiempo, él, que no sabe decir que no, comienza a
agotarse y a pensar que tiene alguna enfermedad física,
(generalmente anemia), causante de su decaimiento y la somnolencia
durante el día, hasta que, después de una revisión en el médico,
en la cual los análisis arrojan resultados negativos, es enviado a
la consulta.
Y uno de los
primeros consejos a este tipo de personas es el de aprender a
decir No, como mecanismo defensivo para evitar el exceso de
responsabilidades y tareas. Este recurso le permitirá hacer un uso
más racional de sus potencialidades, conservar su capacidad laboral,
conocer sus limitaciones por las experiencias pasadas, etc. Y lo más
importante, evitar las manifestaciones neurasténicas.
Decir No le
dejará brindar una oportunidad a otro individuo para desarrollar sus
capacidades, demostrar sus habilidades y contribuir al buen
funcionamiento del colectivo de estudios, de trabajo o de cualquier
otra entidad.
Decir No le
protegerá contra quienes no desean tener responsabilidad alguna ni
tampoco desean asumir una actitud de compañerismo hacia aquel que
está atiborrado de obligaciones.
Hay situaciones
en las que no se puede decir No; otras en las que no se debe decir
No; algunas en las que no es prudente o no conviene decir No. Pero
hay un gran número de oportunidades en las que sí podrá decir
claramente No y esa negativa no le ocasionará problema alguno.
¿Pero,
cómo decir NO?
- Emplee frases cortas y directas “No, lo siento.?” “No, gracias.” “?No puedo”. Y después matice o justifique la negativa pero sin entrar en mil justificaciones.
- Use el lenguaje corporal para reafirmar su postura. Mire a los ojos a tu interlocutor, mueva la cabeza para enfatizar la negativa, que su voz sea clara y firme.
- Si no lo tiene muy claro gane tiempo:”deja que me lo piense y te contesto mañana” o “deja que mire mi agenda y te digo algo”. Prepare a la persona a la posibilidad de que no pueda hacerlo.
- Diga NO de forma educada y use el “pero” para algo positivo“No puedo, lo siento pero muchísimas gracias por pensar en mi. Te deseo lo mejor…o si puedo echarte una mano con esto otro…”
- Hable desde el corazón, desde su parte más sincera y transparente. A veces la parte contraria necesita una explicación de peso
- “No quiero porque siento que esto va en contra de mis principios.”
- “No puedo porque me he comprometido conmigo misma en acabar esto, para mí es importante.”
- “No, lo siento, antes tengo que ….., para mí es prioritario.
- “No estoy de acuerdo aunque respeto su opinión…”
Usted ha dicho
casi siempre Sí. Por una vez que diga No, el mundo no se detendrá.
Y mañana, el sol volverá a brillar para todos.


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